WINGED FOOT Y EL US OPEN: CRÓNICAS DE MASACRES ANUNCIADAS

Mi análisis acerca de la futura de sede del Us Open 2020. Historia de los majors disputados aquí. La espina que duele en la carrera de Phil Mickelson.

Ahora que nos estamos conociendo un poco más, les voy a explicar por qué decidí arrancar oficialmente, con este tema, mi blog. Hay veces que los desafíos, en la vida, no se presentan de gala o de manera «pomposa». Este histórico complejo de Nueva York es uno de los casos. Cuando uno entra en esta obra majestuosa de A.W. Tillinghast, pareciera que los grandes obstáculos no existieran. Lagunas gigantes de agua brillan por su ausencia. Pastizales y áreas selváticas de penalidad tampoco dicen presente. A la vista de los ojos, no hay nada de que preocuparse.

Sin embargo, cuando uno llega a Winged Foot (más que nada, a la cancha West Course, sede del US Open de este año), tiene que saber que, para afrontar un camino de 18 hoyos en paz, hay que respetar religiosamente los puntos de referencia que te entrega el campo. No hay nada en los 18 hoyos que no tenga un porqué. Un árbol o un bunker o una parte del green que no es tenida en cuenta, a la hora de tomar una decisión, y se empieza a gestar una película de terror, con un final incierto. Ni hablar si la cancha no recibe agua esos días. ¿Hay ejemplos de lo que estoy describiendo? El hoyo 10, lugar insignia del recorrido, es el más claro. El legendario Ben Hogan decía que esas tortuosas 190 yardas son «Un hierro 3 en la ventana de la habitación de un chico». Tillinghast lo consideró «el mejor par 3 que jamás haya construido». La imagen dejada en esta nota, habla por sí solo. ¿Qué palo jugarían, si tuvieran que disputarlo?

6 años después de su creación (en 1929), siendo el campo más joven en antiguedad en ser sede del Abierto de Estados Unidos, esta mítica sede «newyorquina» vio coronarse a un tal ROBERT «BOBBY» JONES (En Augusta National me parece que lo conocen mucho, así que no es necesario que agregue mucho de él por ahora). Siguiendo con la historia, podría tenerlos horas y horas con este informe, rememorando todas las competencias golfísticas importantes de Estados Unidos, disputadas en este club. El PGA Championship de 1997, con la emocionante victoria de Davis Love III, con arcoiris de fondo en su último putt (y luego de la muerte de su padre), o el Us Senior Open de 1980, ganado por nuestro querido maestro Roberto de Vicenzo (este torneo disputado en la East Course del mismo escenario). Me voy a detener sólo en 3 ediciones, que describen de cuerpo entero la dificultad de este trazado (y del Us Open), a continuación.

1- US Open 1959. Billy Casper, el encantador de vientos: Tormentas eléctricas y fuertes lluvias hicieron que la edición de 1959 sea la primera en disputarse en 4 días, debido al mal clima, protagonista en la semana. Todo esto, sumado a las ráfagas predominantes y el bajón de temperatura, marcado con el correr de las jornadas, provocó que los jugadores tengan que estar con sus recursos en un máximo nivel. Estas circunstancias hicieron que la excelencia del putter y juego corto de Billy Casper pesara más que jugadores de la talla de Ben Hogan, Sam Snead, Gary Player, un amateur Jack Nicklaus y «El rey» Arnold Palmer, entre otros. 114 putts en 72 hoyos, con un solo green de 3 putts en la semana. Súmenle la siguiente curiosidad, en el largo par 3 del hoyo 3. La decisión de Casper era clara. Los 4 días jugó su salida para no quedar en el green, a propósito. ¿Cómo le fue? Los 4 días hizo par. ¿Queda alguna duda de por qué traigo a colación este torneo? 1er sobreviviente.

Billy Casper, con su trofeo de campeón en la edición de 1959.

2- Us Open 1974. La masacre de Winged Foot: Johnny Miller, antes de levantar la copa del Abierto, había comenzado el Us Open de la temporada siguiente casi sin darse cuenta. Su ronda de 63, la más baja en la historia del torneo (y en majors en ese entonces) hizo hervir la cabeza de las autoridades. Sandy Tatum, presidente del comité del torneo en ese entonces (posteriormente sería presidente de la USGA), tenía la tarea de ser el creador del «Frankestein» que «ponga orden» luego del festín de scores que hubo en Oakmont ese día domingo. Y vaya que el monstruo se le fue de las manos como la famosa novela de Mary Shelley.

20 cm de rough y el «stimpmeter» (la velocidad de estos ondulados greenes) de más de 12 pies (rango extremadamente alto de rapidez en ese entonces) alcanzaron para tener las condiciones más tortuosas que se recuerden de un major. La leyenda dice que, antes de arrancar el evento, unos jóvenes intentaron con un auto dañar el green del 1 y no tuvieron éxito de lo seco y duro que estaba el campo. A su vez, Steve Melnik, el día miércoles, salió por el hoyo 10 con 6 bolas de práctica. Tuvo que terminar antes su ronda porque se quedó sin pelotitas, luego de haberlas perdido. Otra de las tantas situaciones extrañas de esos 4 días de junio fue lo que le ocurrió a «el oso dorado» Jack Nicklaus. Arranca el torneo dejando la pelota en el green del primer hoyo y ejecuta su primer putt. La pelota sale del otro lado del green. Frankestein empezaba a atacar a sus víctimas, sin discriminar.

El desarrollo del torneo es historia conocida. El jueves lideraba Gary Player con par de campo. Sólo 23 jugadores de 150 bajaron el +5. El viernes teníamos 3 punteros que se le sumaban al emblema sudafricano y sólo 4 rondas bajo par. Raymond Floyd, Hale Irwin, y «el rey» Arnold Palmer, quien no ganaba un torneo grande hace diez años. El sábado, un joven Tom Watson, mostrando su categoría que lo iba a catapultar al éxito años posteriores, era una de las únicas 2 rondas bajo par. Lideraba el torneo por uno de ventaja sobre un Irwin que se encargaba de simplemente tener regularidad.

Justamente, el día domingo, Irwin se encargó de «aguantar el chaparrón» y triunfar en la cancha «más díficil que le haya tocado disputar en su carrera». Un score de +7 para ganar fue el claro reflejo de que el monstruo hizo su trabajo y que, para esquivarlo, había que ser quirúrgicamente prolijo en cada tiro. Críticas por doquier no influyeron en el responsable de la cancha, el nombrado Sandy Tatum, quien, a pesar de reconocer su error de la preparación tiempo después, se hizo famoso por, con su declaración, poner al US Open en el lugar que querían que esté.  “No pretendemos avergonzar a los mejores jugadores del mundo, pretendemos identificarlos”.

Hale Irwin festejando en el green del 18, luego de la «Masacre de Winged Foot» de 1974.

3- US Open 2006: la cicatriz de la carrera de Phil. Es imposible no detenerse en lo que le pasó en ese último hoyo. Quizás pueda este año sacarse esa espina (es el que tiene más segundos puestos en esta competencia que es el único major que le falta). El siente que tiene con qué, a pesar de que su juego no es el mismo que antes por cuestiones lógicas. Si bien, la distancia no la perdió, ya la mente no es la misma a los 50 que a los 36. Igual, nunca lo den por muerto. En el golf hay que estar preparado siempre para todo.

Geoff Ogilvy ya había hecho lo suyo. El australiano, con un excelente «up and down», desde la entrada del green del temible hoyo 18, había dejado el score de +5 en el tablero. Parecía que no era suficiente. El escocés Colin Montgomerie, con ese fino juego de tee a green con «fade», que lo caracterizó en su carrera, tuvo la chance, anteriormente y en el último hoyo, de dejar un +4, luego de un monstruoso putt para birdie en el hoyo 17. Un 2do tiro corto (y torcido) y 3 putts hicieron que se quedara a 1 golpe de lo hecho por el australiano minutos después. Pero faltaba Phil.

Si algún día tengo el privilegio de hacerle una entrevista, creo que la primera pregunta que se me ocurriría hacerle (y nos pasaría a todos) es que me explique por qué tomó las decisiones que tomó en ese fatídico hoyo 18 (¿vos qué hubieras hecho en su lugar?). Todavía me duele ver ese momento. Claramente, con el diario del lunes, debe estar arrepentido de haber arriesgado tanto, necesitando 4 golpes para ganar y 5 para ir a un desempate. Igual, hay que entender que, en golf, lo más difícil es cerrar. Agréguenle la carga emocional de Mickelson en ese instante (se puede percibir que se apuró, en su segundo tiro, luego de sentir ruidos en la carpa de hospitalidad) y lo que significa para él el Abierto Estadounidense.

Driver a la izquierda entre los árboles, hierro que rebota en otro árbol, 3er tiro al bunker de al lado del green, dejando la pelota enterrada… La espina empezaba a calar hondo en el corazón de «Lefty». El chip de su quinto tiro (luego de pasarse del green al sacar la pelota de la arena) pasa de largo y un doble bogey en el último hoyo provoca que el trofeo tan preciado por él, se vaya para Australia.

Phil Mickelson, en el green del hoyo de 18, luego de perder todo tipo de chance de alcanzar a Geoff Ogilvy en la cima del Us Open 2006.

Mañana, el US Open tendrá una nueva edición en una de las mejores sedes del evento. Una sede digna de lo que la USGA quiere mostrar. Los que compitan, necesitarán 72 hoyos de concentración extrema. Sino, Winged Foot, asegura, para los que no están atentos, entregar CRÓNICAS DE MASACRES ANUNCIADAS.

(Esta nota se creó el 23 de marzo. Fue editada el 16 de septiembre para darle actualidad)

Matías Miguel Torge

Handicap 54

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