CARLOS FRANCO: UN REY A BASE DE FE

Exclusivo reportaje, con alguien que dejó huellas, entre los años 90 y 2000, para la buena actualidad del golf latinoamericano. Su humilde (y muy destacado) pasado, su buen presente y el futuro que vendrá (en el contexto deportivo al que pertenece), será lo destinado a analizar.

Cuando vemos la palabra «fe», definitivamente se nos vienen a la cabeza conceptos religiosos (con mucho grado de razón). Ahora bien, cuando vamos más allá, y nos enfocamos en el día a día, hay ciertas situaciones que nos hacen aplicar el significado de este término. Tenemos esperanza en situaciones mejores, sin poder determinar si van a pasar realmente. Es por eso que se habla, en muchos casos, de que «la fe mueve montañas». Puede ser cierto que es necesaria pero no suficiente. Sin embargo, el «nunca dejar de creer que se puede» te hace llegar a límites insospechados. Equipos que han superado las expectativas, deportistas que han salido de pozos profundos o lesiones que parecían terminar carreras, o, simplemente, personas que confían en sus aptitudes y saben aprovechar las oportunidades que se le presentan, en búsqueda de un objetivo ideal, son algunos de los ejemplos de lo importante que es el hecho de no perder la fe en algo o alguien que te apasione.

Si hay alguien que supo creer en sus aptitudes, es el personaje principal del día de la fecha. Nacido en Asunción, Paraguay, el 24 de mayo de 1965, Carlos Franco es una persona que nunca dejó de ver que era capaz de hacer mucho por su país. Su padre trabajando en el club de golf de la ciudad (ambiente vecino a su casa), y su familia, acompañándolo en esta pasión (sus cinco hermanos varones son todos profesionales, actualmente), fueron las causas por la cual empezó a enamorarlo este deporte. Y fue un amor que lo «atrapó». Esa ambición, por ayudar a su país, (con su representación) hizo que, la perseverancia, la pasión, el esfuerzo y la convicción en su talento, sean los motores de una carrera que marcó un antes y un después del golf latinoamericano. El destino le puso, por esas casualidades de la vida, una prueba a superar. Y no la iba a dejar pasar.

En esta charla, veremos el resultado de años de sacrificio y dedicación, combinado con el porvenir de esa nueva «piedra fundacional» que dejó en su país (y en gran parte de la región). No dejaremos de lado sus humildes inicios y el éxito obtenido en nuestro continente. Pasaremos por su etapa asiática (en especial, por lo hecho en el prestigioso Tour Japonés), éxotica puerta de entrada a las grandes ligas estadounidenses del deporte. La historia seguirá, de manera más profunda, con sus proezas en el PGA Tour, incluyendo sus títulos y las históricas actuaciones de los Masters de 1999 y 2000. Sus éxitos en el PGA Tour Champions, y su actualidad en la gira, también serán temas de análisis. Y no nos olvidaremos de su mirada acerca de lo que puede venir en el golf latino, entrando en temas de actualidad, como lo relacionado a la Presidents Cup y a los «sucesores» de su trayectoria. Tenemos mucho para hablar. Créanme que va a ser muy entretenida esta conversación.

En esta foto, vemos al sudafricano Ernie Els, con el australiano Craig Parry, el paraguayo Carlos Franco y el neozelandés Greg Turner, homenajeando a su capitán, el australiano Peter Thomson. Todos ellos, fueron integrantes del histórico equipo Internacional de la Presidents Cup, que salió victorioso, por única vez (en el evento), en 1998.

– Carlos, voy a arrancar la entrevista con un tema golfístico de actualidad, que te va a llevar a momentos muy especiales de tu carrera. Estuviste en Australia, a fines del 2019, como parte del homenaje que se le hizo al histórico Peter Thomson: ganador de 5 Open Championship y capitán tuyo en la única Presidents Cup ganada, por el equipo Internacional, en 1998. Días más tarde, se inició, justamente, una nueva edición de este histórico evento, en Royal Melbourne. Allí, el equipo Internacional (comandado por Ernie Els), a pesar de quedarse en la puerta de un histórico triunfo, ante el combinado estadounidense (perdieron 16 a 14), dejó una imagen decorosa y la certeza de un futuro prometedor, para ocasiones venideras. A su vez, hace un tiempo atrás, se conoció que, el sudafricano Trevor Immelman, continuará comandando el equipo en 2021. ¿Sentís que el análisis que hago es cierto y que ya no existe tanta diferencia entre ambos equipos, siendo la nominación de Trevor, una buena decisión para continuar lo que se dio en 2019?  ¿Y podríamos decir que, las destacadas actuaciones de Joaquín Niemann y Abraham Ancer, son pautas de que se vienen haciendo las cosas bien en el golf latinoamericano o queda mucho por mejorar? 

– La verdad que, es una tristeza, por un lado, porque Ernie Els era el nombre y la cabeza principal para que siga siendo capitán. Hizo un buen esfuerzo, un buen trabajo ahí, entre los muchachos. Especialmente teniendo seis jugadores jóvenes, «rookies» (novatos) para la Presidents Cup. Ahora bien, también pienso que Trevor (Immelman) es un buen jugador: ganó el Masters (2008). Sin embargo, los jugadores deben querer a uno. Es un héroe, para mí, Ernie Els. Pero bueno, esperemos que esto sirva. Ojalá que haya aprendido mucho Trevor, ya que, fue el vicecapitán y, esta vez, va a ser responsable del equipo Internacional.

En cuanto al golf latinoamericano, el resultado de lo que es, hoy en día, Abraham Ancer y Joaquín Niemann, se dio gracias al esfuerzo del PGA Latinoamérica , a través de esos eventos, que se han hecho en toda Sudamérica. Eso dio mucho para decir de por qué, estos jugadores, formaron parte del Equipo Internacional, en Melbourne. Fue gracias a eso el éxito que han obtenido estos dos muchachos. No solamente ellos dos. Hay colombianos y mexicanos también que, hoy en día, están en el tour grande (se refiere a Juan Sebastian Muñoz y Carlos Ortíz, respectivamente). Esperemos que se siga trabajando así en Latinoamérica y que el golf siga creciendo más todavía, para nosotros, que necesitamos más apoyo logístico y, por supuesto, económico.

Carlos Franco y Shigeki Maruyama (japonés), estrechando manos con Tiger Woods, luego de ganarle a él, y a Notah Begay III, por 3&2 en la Presidents Cup 2000, «disputada en el Robert Trent Jones Golf Club».

Como he nombrado antes, vos fuiste parte de ese equipo glorioso de Royal Melbourne de 1998 y, en la edición siguiente del 2000, si bien el equipo Internacional fue derrotado, te diste el gusto, junto con el recordado Shigeki Maruyama, de vencer a la mejor versión de Tiger Woods (que estaba junto con su amigo, Notah Begay III, de compañero) por 3&2 en uno de los match de four-ball (mejor pelota de cada equipo) del día Viernes. ¿Hay alguna clave para ganar un prestigioso evento como éste? ¿Qué recordás de esa histórica victoria? Y en relación al match con Tiger, ¿podemos decir que la clave, para jugar contra él, es “perderle el respeto”, en el buen sentido? De ser así, ¿por qué? 

– Ante todo, es la verdad que, al integrar un equipo, no es fácil ganar. Jugar por el Equipo Internacional incluye muchos países, mucha gente que te sigue, gente que te quiere, y que te apoya. Lógico que todos queremos ganar. Ahora bien, no es fácil obtener un título porque son 12 contra 12 y es un equipo. Normalmente, en el golf, no se juega por equipos (a nivel profesional). Por esa razón, se requiere mucha amistad y mucha garra para ganar una copa, como lo que es la Ryder Cup (Estados Unidos vs Europa) o la Presidents Cup.

En cuanto a mis participaciones en la Presidents, tengo muchos recuerdos bonitos porque jugué al lado de: Nick Price, Greg Norman… Nosotros teníamos buenas estrellas. Eran los top. Hoy en día, Tiger acapara todo. Yo tuve que jugar contra él (acompañado de Shigeki), en Washington (la cancha, en que se disputó el evento, era el Robert Trent Jones Golf Club). Le hemos ganado a él y a Notah Begay III en equipo. A su vez, también jugué contra Phil Mickelson (en matchs individuales), en 1998, en donde no me ganó y terminamos empatando el partido. Ahí, si que jugamos bastante bien en equipo. Y es lo que vale.

Para ganar una copa así, todos tienen que jugar por el equipo. No de manera individual, porque ahí no hay número. Nadie puede decir: «Yo soy el N°1» o «Yo soy el N°10». Es en equipo. Y creo que nosotros, en 1998, lo hemos hecho. Nos comportamos en equipo y éramos, prácticamente, el 90% amigos. Eso también influye muchísimo. Sabés bien que, el año pasado, hubo 5 orientales jugando en Melbourne. No facilitó mucho (en ese sentido) porque hubo, por ejemplo, dos latinos que casi no jugaron juntos.

No es fácil ganar una copa, sabiendo bien que, los americanos son muy buenos en general. Pero, el golf siempre va a ganar. Vos sabés bien que yo puse todo de mí, en el 1998 y en el 2000. Y ganamos uno y perdimos el otro. Ahora bien, me quedo un recuerdo muy maravilloso. Conocí a personas muy grandes: Jack Nicklaus, y los presidentes de cada país (al cual representaban cada uno de los integrantes del equipo Internacional), entre otros. Esas son las memorias que no puedo dejar de recordar. Por supuesto que, una de ellas, es la victoria que obtuvimos nosotros, en equipo.

Ojalá que, muy pronto, el equipo Internacional forme, de nuevo, un muy buen equipo y se dediquen a jugar más en conjunto. No tienen que ser muy individualistas. En el golf, como te dije anteriormente, estamos todos acostumbrados a jugar así en el profesionalismo. Por eso, no es fácil ganar una copa así, que se juega 12 contra 12.

– Te cambio de tema. Tu increíble trayectoria tuvo sus inicios, en una casa, a pocos metros del Asunción Golf Club, ¿verdad? Me gustaría que me cuentes como surge esta pasión por el deporte, la influencia de tu padre y tu familia (teniendo en cuenta que, tu papá, era el “superintendente” y caddie del campo de la capital paraguaya), y todo el gran esfuerzo realizado, para comenzar tu carrera. ¿Te imaginabas, en ese entonces, llegar hasta dónde llegaste? 

– No es fácil responder a esta pregunta. Paraguay no tenía, prácticamente, campos de golf. Había unos hoyitos ahí, hechos por un viejo diseñador escocés (fallecido ya). Y nosotros vivíamos ahí, al costado del actual hoyo 2. Somos seis varones y una mujer. Nuestra familia era muy humilde, en esa época. Mi padre, era uno de los que trabajaba en el country del Asunción Golf Club, donde se formó la primera cancha de golf: la entidad matriz.

La verdad, también diría yo que me gustaba mucho los deportes. Jugaba un poco al tenis, pero nada que ver con lo que es el golf. Se me encarnó este deporte y, no teniendo nada, he podido llegar. Siempre tuve la misión de poder «llevar en alto» mi país, representarlo, y jugar lo mejor que pueda, para poder figurar entre los buenos.

Primeramente, después de ser caddie, me hicieron, durante tres años, socio del Asunción Golf Club, donde pude jugar, por Paraguay, como amateur. Luego, cuando estaba cumpliendo los 21 años, me hice profesional. Y así sucesivamente. Empecé por Argentina, después Sudamérica, luego probé, un poco, por Europa, y me terminé yendo a Asia en 1994, habiendo ganado la «Órden de Mérito» Sudamericana, el año anterior. Esto último, me sirvió porque tenía un»pase» para ir a jugar al continente asiático, por primera vez, durante (casi) tres meses. Gané la «Órden de Mérito» de allí. De ahí, tuve la suerte de poder jugar en el prestigioso tour japonés (que creo que era el segundo tour más importante, después del de Estados Unidos, en ese entonces). Quedé jugando ahí por cinco años, donde gané cinco torneos importantísimos.

Y así fue donde surgió un poquito más mi carrera. Me iba afianzando un poco y quería probar en Estados Unidos. En 1998, intenté pasar la Escuela Clasificatoria del PGA Tour. Clasifiqué en el último lugar, para poder obtener la tarjeta y, prácticamente, entre 8 y 9 años jugué allí, obteniendo el premio de «Rookie del Año» (en la temproada 1999) y siendo el primer jugador en haber pasado el millón de dólares, como novato.

Estoy muy orgulloso de ser paraguayo y nunca pensé que iba a estar codeándome con los muy grandes. Y lo he logrado porque valió mucho la paciencia, la perseverancia, el sacrificio… Todo valió y, gracias a Dios, un paraguayo obtuvo cuatro títulos en el PGA Tour. Hoy en día, hay muchos jugadores que no pueden ganar, estando entre 10 y 15 años.

Como me estuviste contando en la pregunta anterior, te hiciste profesional en 1986. Entrando un poco más en detalle, en la temporada de 1993, ganaste la Órden de Mérito del viejo Tour Sudamericano (Actual PGA TOUR Latinoamérica). Luego, al año siguiente, te fuiste a Asia a disputar el Tour Japonés (hasta 1999), teniendo 5 victorias allí y 1 en Filipinas (en 1994, que te permitió también ser el n°1, de la «Orden de Mérito», del circuito asiático). ¿Cómo surgió la decisión de empezar esa aventura, tan lejos de tus tierras y, teniendo en cuenta, que no había, en ese momento, los mismos recursos que existen ahora? Para quienes actualmente están viviendo la misma experiencia, como el argentino Miguel Ángel “Tati” Carballo, o tienen decidido tomar el mismo camino: ¿Cuáles son las claves para una buena adaptación y poder llegar al éxito que tuviste en este continente? 

– No es fácil llegar, a donde yo he llegado, porque Sudamérica no ha tenido muchos recursos, así como lo nombraste. Hoy en día, el golf ha crecido y, la cantidad de dinero que están repartiendo en la bolsa, es muy importante. Ahora bien, si tuve algunos apoyos. No muy relacionados a la economía, pero tuve apoyos. Tuve fe de poder llegar a mis resultados. Y nunca me imaginé que podía haber ganado tantos torneos, a nivel mundial. A su vez, nunca me imaginé figurar en el PGA Tour como uno de los ganadores, y siendo miembro de por vida, al haber ganado cuatro títulos.

Hay que tener fe, hay que tener paciencia, hay que tener fuerza mental, porque no es fácil. Muchos sudamericanos intentaron, pero no pudieron llegar a los últimos torneos porque era muy costoso y no es fácil solventar 15000 o 20000 dólares, por tres meses. Eso era mucho dinero, en esa época. Sin embargo, yo sí, gracias a Dios, he podido tener la suerte de ganar la «Órden de Mérito» de 1993 (en Sudamérica), donde me gané la plata para poder invertir. Esa inversión me valió y, hoy en día, estoy en un lugar muy privilegiado de decir que hice mucho por el golf latino (y por el golf mundial). A mi país, lo he dejado siempre en muy buenas posiciones y ojalá que sigamos teniendo apoyo en este deporte, porque es uno de los deportes más lindos que puede existir a nivel mundial. Mentalmente, te ayuda muchísimo. Es muy saludable y te da la oportunidad de hacer las cosas bien.

Agrego que, por sobre todas las cosas, hay que desempeñarse como un deportista porque, el golf es todo mental. En la actualidad, es totalmente diferente. Es mental, físico y práctico. Hay que seguir peleando y batallando, para que esto surja siempre, a nivel sudamericano.

Carlos Franco, ejecutando su tiro desde el hazard de agua, en el hoyo 13, durante el Masters de 1999. En este evento, terminó en sexto lugar.

– 1999: año de llegada al PGA TOUR. Y año de ensueño también, en donde, como dijimos anteriormente, fuiste coronado como «Novato del Año» (el primero en pasar el millón de ganancias y en triunfar 2 veces, desde 1960). En ese 1999, quiero pararme en 2 momentos. El 1ero: tu 6to puesto en el Masters. Recibiste una invitación y te diste el lujo de llegar a liderar por un momento, ¿verdad? Me gustaría acá, que me cuentes, en primer lugar, los primeros recuerdos que se te vengan a la cabeza de esa mágica semana. ¿Eras consciente de lo que era llevar tu bandera, en esos momentos de “pelea” o simplemente estabas disfrutando el momento? El recibimiento que tuviste en tu país, ¿es el momento más especial de tu carrera? 

– Mirá, cuando vos ya estás pisando la tierra americana, en el PGA Tour, primero de todo, tenés que saber sobrellevar muchas cosas. Tenés que estar preparado para liderar, estar preparado para perder, estar preparado para ganar… No es fácil pero, no es que es nunca me imaginé esto (estar liderando Augusta). Me dio una sorpresa en el tee del 12, que yo estaba puntero, y quizás, cuando yo miré esa posición, se me fue, un poquito, el control de mi juego y llegó la desconcentración (que te viene de repente) de querer ganar.

Ese 1999, fue mi mejor año porque gané 2 títulos y había quedado tercero en el «Memorial» de Ohio (que, casi, también lo gano. Triunfó Tiger, en ese torneo). A su vez, quedar sexto en el Masters, me abrió mucho las puertas a nivel mundial.

Paraguay también me abrió mucho las puertas para todo. Era uno de los deportistas más privilegiados, en ese momento. Tuve ese gran reconocimiento, del lado de mi país, que no es fácil porque, en Paraguay, nadie sabía lo que era el golf. En esa época, había muy poco movimiento. Hoy en día, el golf está muy difundido, a nivel sudamericano. Y, Paraguay, está muy contento por todo lo que yo he hecho y, hasta hoy en día, seguimos batallando.

– El 2do momento al que quiero hacer referencia, es a tu primera victoria, realizada en tu siguiente evento jugado a ese histórico Masters, en Nueva Orleans. Fuiste el primer sudamericano en ganar un torneo del PGA TOUR desde que nuestro “maestro”, Roberto de Vicenzo, lo hiciera en Houston, en 1968. Un final de torneo muy peleado, en donde sacaste ventaja de 2 golpes (recién) en los últimos hoyos de ese día domingo. Lo vivido en Augusta, ¿te ayudó a calmar los nervios ese último día o el hecho de saber lo que estaba en juego, te quitó soltura? Esa primera victoria, ¿fue clave para que llegaran tus éxitos posteriores o sabías que, si en Nueva Orleans no se daba, el triunfo estaba igual al caer? 

– Siempre vale recoger las experiencias que uno tiene cuando no pudo ganar un torneo grande o chico. Te sirve para la semana siguiente o los torneos próximos. Por mi parte, me valió mucho el haber quedado bien en el Masters, para poder ganar luego en New Orleans. Puse mi experiencia y mi paciencia, en los últimos 3 y 4 hoyos, porque yo sabía que, si estaba a un golpe (o en igualdad), tenía chances de ganar el campeonato. Y bueno, cuando se te van a dar las cosas, tenés que esperar hasta lo último porque, mientras que no se terminen los últimos hoyos, sabes que no hay un ganador (a menos que tengas una ventaja importante). Cuando estás igualado, a un golpe o a dos del contrincante, tenés que estar muy sereno y procurar de no hacer errores. Especialmente, en los últimos hoyos, el que hace errores pierde. Y el que no hace errores, siempre tiene la ventaja de ganar.

Me valieron mucho los torneos anteriores. El haber quedado bastante bien en un Masters, te abre las puertas para los triunfos.

– Otra victoria en Milwaukee, en esa temporada, y, para principios de la temporada siguiente (año 2000), llegaste a estar n°16 en el ranking mundial. Luego, llegó otro gran séptimo lugar en el Masters (en esa misma temporada) y, posteriormente, volviste a Nueva Orleans para defender el título con éxito. ¿Ahí te diste cuenta que podías soñar con grandes cosas como, por ejemplo, un major? ¿O para los majors se necesitan recursos, que no te los da el ranking? 

– Los majors son totalmente diferentes, son campos más preparados para ciertos jugadores. Por ejemplo, el Masters, da posibilidad a todos los jugadores porque es un campo largo, abierto, donde no hay mucho rough, etc. Ahora bien, yo me venía afianzando año a año. 1999, 2000 y 2001, fueron mis mejores años en el PGA Tour, donde me mantuve siempre entre los 50 mejores del mundo. Me valió eso y, en ese Masters del año 2000, otra vez quedé entre los 10 primeros.

Por supuesto, después de ese resultado, fui a defender a Nueva Orleans. Ahí sí tuve un poquito mas de suerte porque, el que quedó segundo (el estadounidense Blaine McCallister, con quien jugué el playoff de ese evento), hizo un error en el último hoyo y me dió la ventaja de poder igualarlo y jugar el desempate con él, en los siguientes dos hoyos.

Tener mucha concentración es lo que vale, para poder llegar a eso. Ahora bien, ganar un major no es fácil. Siempre te da sorpresas el golf. Es así. Yo, hasta hoy en día, quiero conocer más de esto y lo voy logrando. Cada vez estoy conociendo más a este deporte porque, la verdad, hoy te da y mañana te puede quitar todo.

Carlos Franco, con el título de campeón del U.S. Bank Championship 2004, en el «Brown Deer Park Golf Course» (Milwaukee, Wisconsin).

– Pasó el tiempo y tuviste otra victoria, en Milwaukee (2004). Te hiciste de un lugar, bien merecido, en el Tour, por una década. En el “mientras tanto”, surgen los nombres de Ángel “El Pato” Cabrera (otra leyenda de nuestro país) y, tu compatriota, Fabrizio Zanotti. Los menciono a estos dos grandes golfistas por lo siguiente: en principio, teniendo en cuenta lo logrado por “El Pato” en el US Open de 2007 y el Masters de 2009, ¿se puede decir que siguió el legado que dejaste a nivel latinoamericano? En cuanto a Fabrizio, hace poquito, tuve la suerte también de entrevistarlo (en dónde me contó la gran relación que llevan) y, una de las preguntas que le hice fue si, en la vieja «Omega Mission Hills World Cup» de 2007, se empezó a gestar un «traspaso de mando» entre él y vos. ¿Exagero si defino así esta situación, luego de ver lo hecho por Fabri, desde ese momento hasta ahora, con la consagración de la medalla dorada de los panamericanos de Lima 2019?

– Yo creo que abrí muchas puertas. Es como venía diciendo antes. El «Pato» sabe que, si yo he ganado en el PGA Tour, el también podía hacerlo. Eso fue lo que pasó. Fabrizio, lo mismo. Yo jugué, con él, dos Copas del Mundo, en donde, también se ha centrado mucho en él, porque se sabía bien de que era un chico con mucho futuro. Ahora bien, en el golf, nunca se conoce el 100% de la historia. Le pasó a Tiger.

Igualmente, así como «El Pato», estan ahí Ricardo González, Andrés Romero, Fabián Gómez, (entre otros) que están aprovechando. Creo que siguieron mis pasos, siguieron también mis triunfos y dicen: «Si Carlos ganó, vamos para allá». En especial, los argentinos son muchos y tienen muchos más jugadores que nosotros.

Valió la pena lo mío. Abrió muchas puertas para todos y, hoy en día, lo están aprovechando.

– Carlos, hay una curiosidad que no puedo dejar pasar. Cada uno tiene su rutina específica, antes de salir al campo. Y más ahora, teniendo en cuenta la tecnología. Sin embargo, vos salías a la cancha, con poco y nada de precalentamiento, ¿me equivoco? Teniendo en cuenta que todos los caminos son válidos en este deporte, ¿hay alguna razón, en particular, por la cual, salías a la cancha de esta manera? 

– Vos sabés que, a todos los jugadores les gusta practicar. A mí también me gusta. Pero ya, en ese momento, no me inspiraba mucho. Siempre me preparé mentalmente y me sentía bien físicamente, donde era muy flexible. Esto último me ayudó muchísimo. Gracias a Dios, soy un jugador muy natural, en donde hacía los golpes como quería, y pegaba como quería. Todo eso, lo he obtenido y aprovechado hasta lo último. Por esa razón, de la vida y el deporte, me mantuve siempre.

Igualmente, en la actualidad, estoy con un poco más de edad y, cada día, me cuesta más. Estoy practicando mucho más y pegando un poquito más. Quizás, me hubiese ayudado, un poco, el haber practicado. Pero siempre me sentía bien, en los torneos. Entraba, en la cancha, «como si fuera nada», y me sentía igual a ellos. Nunca tuve miedo de eso. Cada uno tenía su forma de encarar un torneo. Por mi parte, llegaba una hora antes, hacía una preparación mental, y realizaba unos «swings», antes de pegar el primer golpe. Seguía en el «putting green», hacía algunos «chips» (y algunas cosas referidas al juego corto) y me iba concentrado al tee. Eso era totalmente diferente a muchos jugadores de hoy en día.

Carlos Franco, con el título de campeón del Shaw Charity Classic 2016 (evento del PGA TOUR Champions), disputado en Canadá.

– En estos últimos años, estás teniendo competencia en el PGA TOUR Champions, en donde tuviste 2 victorias importantes. La primera en el 2016, en el Shaw Charity Classic (Canadá), triunfando por dos golpes (y luego de un largo putt, embocado en el 18) ante Michael Allen y el inoxidable Bernhard Langer. La segunda, al año siguiente, con tu compañero Vijay Singh, en el Bass Pro Shop Legends of Golf. Éste último, para quienes no saben, es un torneo que tiene distintas particularidades: se juega en parejas y se define en un “campo par 3”. Me gustaría que nos cuentes algunas intimidades de esas victorias, teniendo en cuenta (en el primer triunfo) lo que significa el haber triunfado ante un jugador como el alemán, que parece “no envejecer nunca” y, (en el segundo triunfo), el “detrás de escena” con Vijay, de ese día final, y la particularidad de las instalaciones y el torneo en sí (te pregunto porque son curiosidades que no se ven, muy a menudo, en el golf). 

– Tuve la suerte de obtener mi primer título , del Champions Tour, en Canadá. Me faltaba, en ese país, ganar porque ya había ganado en Estados Unidos, Asia, Sudamérica… Y bueno, me faltaba Europa y Canadá. Y se me dió en este último lugar. Justo, lo logré con Bernhard (Langer) el último día. Es una máquina por como juega, como se concentra… Uno aprende de él, porque es una persona que ni sonríe cuando hace un «birdie».

Ahora, cada persona tiene su modalidad de juego, su control. Y a mi se me dio ese día, jugué muy tranquilo. Tuve la suerte ese día de que, mi hijo, Carlos Javier, fue mi caddie y también aprovechó ese éxito que tuve como deportista, ya de viejito. No es lo mismo tener un triunfo a los 23-24 años, que a los 52. Son experiencias que uno sigue obteniendo y hay que sabeer sobrellevarlas. Porque, como siempre te dije en la entrevista, no es fácil y hoy, quizás, se te da y mañana no.

Vijay Singh y Carlos Franco, con el título de campeón del «Bass Pro Shops Legends of Golf at Big Cedar Lodge» 2017 (evento del PGA TOUR Champions), en «Top of the Rock» (Ridgedale, Missouri).

Lo de Vijay, también fue muy increíble. Fue un día (y una semana) maravillosa. Se jugaron, solamente, 2 días. Había mucha lluvia, se suspendió el campo grande y tuvimos que liquidar en el campo «par 3». Son modalidades totalmente diferentes. Ahora, jugar al lado de Vijay, no es fácil. Pero, tenía la confianza con él, porque somos amigos y tenemos, casi, la misma forma de juego. Se nos dio, gracias a Dios. Tuvimos un récord, en el último día, donde pasamos a todos. Arrancamos mal el primer día, y, el segundo día, metimos ese récord. Y eso valió. Ganamos por uno.

Te comento también que es una pena que no se juegue ahora, ese torneo, por motivos de sponsoreo. Ojalá, muy pronto, se vuelva a jugar otra vez.

– En el medio de tu carrera, surgió el “Carlos Franco Country & Golf Club” ¿En qué momento se te pasó por la cabeza esta idea y cómo está actualmente el club (teniendo en cuenta obviamente la situación de público conocimiento que estamos viviendo con el #covid19)? Se que, a su vez, siempre que podés, ayudás a los más necesitados, en tu país, llegando, una vez, a juntar U$S 700000 para pacientes necesitados, de varios hospitales de Asunción (incluyendo a víctimas de un incendio, que cobró 500 vidas, a principios de Agosto de 2004). A su vez, tuviste la “Fundación Carlos Franco”. Me gustaría que nos cuentes como surgió esa hermosa organización y tu actualidad ante esta problemática. 

– Yo no quiero hablar ni de pena, ni de lástima. Pero, las cosas pasan cuando van a pasar. Nunca pensé que hacer un campo de golf (o un country) iba a ser tan complicado. Tuve muchos problemas. Surgieron muchas cosas que (al uno no estar preparado) nunca pensé que iban a ser así.

Hoy en día, existe el country y hay gente que vive allí. La cancha de golf sigue estando en buenas condiciones. Ahora bien, hoy la mantenemos cerrada, por el tema de la pandemia, que nos está azotando a todos.

En cuanto a la fundación, prácticamente ya no está funcionando ahora, por motivos de sponsoreo y no tenemos un equipo fácil de manejar en Paraguay, porque se complican mucho las cosas. Necesitas mucha gente que te dé una mano, que te ayude. Pero aquí, no es fácil conseguir gente que quiera trabajar a voluntad porque, normalmente, el que trabaja en una fundación, no debería tener un salario «x». Ahora bien, aquí, el que trabaja, tiene que sobrevivir. Por esa justa razón, nos hemos achicado de ese lado. Pero, el country sigue. Como te dije, hoy está cerrado. Sin embargo, ojalá muy pronto se solucione y se normalice todo esto.

Igualmente, vamos para adelante. Con algunas dificultades, pero se sigue y se vive. Gracias a Dios, hemos obtenido todo y no me quejo de la vida. Me dio todo: momentos buenos y momentos difíciles. Así y todo, con fe, vamos a llegar más adelante.

Me olvidé de agregarte algunas cosas. La primera es la siguiente. Tenemos una escuelita, al lado del club de golf. Ahora, mi hijo es el presidente de la fundación y les estamos dando una mano, para llevarla adelante. Son 69 chicos que reciben apoyo nuestro. Este proyecto lo venimos llevando desde hace 2-3 años y «la estamos batallando». Nos enfocamos en eso porque pensamos que, el estudio, es importantísimo para la zona. Dejamos muchas cosas de lado de la fundación, que eran destinadas a mejorar la calidad de vida, para enfocarnos en la educación.

Yendo a la segunda, no quería dejar de mencionar que nos visitó el gran Vijay Singh, después de haber obtenido el triunfo, del que hemos hablado. Quería venir a conocer mi país y darme una mano en la fundación. Se lo recibió y se le hizo una sorpresa muy grande. Se quedó maravillado y, por poco, no lloró antes de salir de Paraguay, para volver a Miami (lugar donde vive actualmente, a pesar que él es oriundo de Islas Fiji).

También, a su vez, estamos trabajando con la Universidad Metropolitana de Asunción, que es la que nos está dando un buen apoyo para que, los chicos, puedan avanzar con sus estudios y sus conocimientos y logren una mejora en todo lo que es tema de deporte . En eso nos estamos enfocando muchísimo ahora. Y nos va bastante bien. Tenemos algunas empresas que nos están apoyando y dando artículos importantísimos, para poder sobrellevar el éxito de estos chicos.

– Carlos, para terminar, agradeciéndote por tu enorme generosidad y buena predisposición, como hago con todos mis invitados, me gustaría que nos des un consejo, para quien se inicia en esto por amor al deporte o para quien da sus primeros pasos como profesional. 

– Lo primero que puedo decir es esto: Carlos Franco empezó sin nada y, hoy en día, hasta tengo un campo de golf. Creo que todo se puede en la vida. Hay que dejar algunas cosas que nos hunden (y que nos hagan perder la razón) y enfocarse en este deporte, que es el golf. Es un deporte muy lindo y muy sano, que es para todas las edades. Además, hay que saber bien que, no solamente vas a hacer este deporte, jugar bien y ser victorioso, sino que, vas a obtener muchos amigos. Vas a abrir muchas puertas a nivel país y a nivel mundial. Y siempre tener fe y dedicarse al deporte. Es buenísimo.

Lo que sí, hay que tener, como digo yo siempre, la voluntad, la perseverancia y, por sobre todas las cosas, la dedicación. Esta última es fundamental. Sabemos bien que, el golf, es un deporte maravilloso, muy lindo y que te puede hacer llegar muy lejos en tu vida.

Les mando saludos y bendiciones a todos. Y deseo que esta pandemia nos deje muy pronto y podamos, de nuevo, volver a hacer lo que sabemos hacer: jugar al golf.

Pasan los años y es difícil seguir encontrando motivaciones y salir de la zona de confort. Considero imposible no tener familiares al lado, que les cuesta salir de las rutinas y están cómodos con lo que hacen. Que sienten que su etapa ya pasó, que tienen un rol establecido en la sociedad y no luchan por nuevas aventuras. No digo que la desidia los gane. Yo creo que las ganas pueden estar. Pero sienten que tienen más para perder, que para triunfar. Cuesta creer en un futuro. El resultado más «realista» siempre gana y las decisiones los llevan a pensar en querer «el pan para hoy». «Eso que no se ve», pero que se desea, genera intriga, pero no la suficiente curiosidad, para permitirse un capítulo más. Un contexto adverso influye y no permite tener esa confianza que se necesita para «mover montañas».

Cuando leemos a personajes de la talla de Carlos Franco, vemos que, esta idea final que describimos, debe caerse. A punto de cumplir 55 años, nuestro querido paraguayo, tiene ganas de aprender y seguir desafiándose. Si bien, los recursos no son los mismos que en su juventud, sabe cómo es el camino para mantener ese lugar que tiene ganado. No necesita buscar cosas extraordinarias. A su vez, el miedo a perder nunca lo paralizó. Todo lo contrario. La confianza que tuvo (y tiene) sobre el mismo es algo digno de admirar. Si, dije confianza, no dije «confiado». Hay un límite muy finito entre esas dos palabras, pero lo tiene muy claro. Es necesaria pero no suficiente. Él mismo lo dijo. La confianza fue acompañada de «voluntad, perseverancia y dedicación. Todas estas, son razones que nos permiten decir que Carlos Franco, para el golf paraguayo y el golf de nuestra región, es UN REY A BASE DE FE.

Matías Miguel Torge

Handicap 54

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