DOLORES NAVA: LA PASIÓN MATA AL ANCLAJE

Entrevista emocionante, con una protagonista de la trayectoria mundial que tiene el golf femenino argentino. Una historia de mucho trabajo (en silencio), dedicación, y amor a este deporte.

Definitivamente, soy un total ignorante del mundo de la navegación marítima. Ahora bien, dentro de lo poco que conozco acerca de este tema, pude ver que, esta acción, está definida como «un arte» y «una ciencia». Sinceramente, me extrañó encontrarme con estos dos conceptos, pero entendí su por qué. En cuanto al primero de ellos, podemos ver que, quien comanda esa embarcación en tránsito, debe tener una destreza propia, para saciar esa necesidad de trasladarse, de un lugar al otro. Y, en cuanto a la segunda palabra, esa «destreza» debe tener un fundamento, basado en distintas variables físicas, matemáticas, oceanográficas, astronómicas, entre otras.

Cuando llevamos esto al mundo del golf, podemos ver que, en algún momento, las líneas del camino, de ambas acciones, se cruzan. No hay golfista que no tenga esa vocación de querer seguir avanzando porque, en cierta medida, es la razón de ser de este deporte. El golfista «navega» constantemente, buscando 18 objetivos (la cantidad, obviamente variará según el tipo de competición). A su vez, el logro de éstos, estará atado a los indicadores que otorgue la naturaleza y las ciencias exactas. Sólo una yarda, y un cambio de viento, han modificado competiciones y carreras. Se necesita algo más que «pegarle con un palo a una pelotita». Luego de esta idea, podemos hacer entrar en acción a nuestra protagonista del día, alguien que entendió, a la perfección, lo que les estoy contando.

Dolores Nava nació el 14 de mayo de 1968, en Buenos Aires. Su padre, capitán de navío de la Armada Argentina, fue su gran influencia y el causante de que entremos a este viaje. Empezaremos a manejar por aguas, que nos llevarán a los siguientes lugares: sus inicios tardíos, sus tempranos logros, las actuaciones en Copa Andes, la decisión (siendo una de las primeras, en la historia de nuestro país, en hacerlo) de ir a estudiar a Estados Unidos, el contacto con dos leyendas del golf femenino: la sueca Ánnika Sörenstam y la mexicana Lorena Ochoa, su experiencia en el Symetra Tour, el glorioso momento de la participación en el US Women’s Open, el paso por Asia (que trajo una afición por el trabajo de la parte mental, en el deporte), la experiencia, como voluntaria, en la vieja «EMC World Cup» 2000 (Disputada en nuestro país y con la presencia, entre otros, de Tiger Woods y David Duval), su actual etapa como profesora y un poco de la actualidad del golf femenino. Tenemos que prepararnos, que el barco está listo para zarpar e iniciar su recorrido.

– Dolores, voy a comenzar con un tema de actualidad. Cuando dejaste la competencia, el golf era muy distinto a lo que es ahora (y no estamos hablando de mucho tiempo atrás). Distancias supersónicas, pelotas más livianas, y canchas más largas, entre otros asuntos, en este tiempo. ¿Se puede llegar a quebrar el deporte entre los amateurs y los profesionales? ¿Cuál es tu opinión acerca de las soluciones para enfrentar el problema del avance de la tecnología? 

– Mirá, yo trabajé mucho con la tecnología. Con la embajada de Dinamarca, me manejé mucho con el «Simulator» que, a través de todas las variables que me da el programa (cabeza del palo, cara del palo, velocidad, entre otras), te pueden ayudar a entender el swing y el por qué de la dirección de la pelota, entre otras cosas. La tecnología, lo primero que te genera, es que tenés que tener un conocimiento bastante amplio y entenderlo e incorporarlo bien. Es excelente para ayudarnos a nosotros, los profesores (actualmente estoy dando clases). Me ayuda un montón, y entiendo mucho más. Además, me fascina estudiar, desde todo punto de vista, el movimiento del swing.

Ahora bien, para llegar al aficionado, que lo único que quiere es pegarle a la pelota, quizás, toda esa tecnología (y esas cosas que nos dan) no se si sirve. ¿Qué le importa que le diga «3.5, la cara del palo, vino de tal lado y con una velocidad tal, por tal vara»? Hay miles de cosas que hacen al total conocimiento de lo que es todo el golf, pero en gente más profesional. El amateur quiere las cosas más simples. Y cuánto más simple y más natural sos, para jugar al golf (dentro de ciertos elementos técnicos), es mejor. La tecnología es excelente, pero sabiéndola manejar.

Es verdad que, los palos y las pelotas, han avanzado. Yo no puedo creer que, a la edad que tengo, llegué a la misma distancia que pegaba cuando tenía 20 años. Y esto es, más que nada, por la tecnología. Influye el peso del palo, que es mucho más liviano y le podés dar velocidad. Además, ¡lo que vuela la pelota!: es lo que más me impresionó. Antes, jugábamos con unas cabezas (de palos) de madera, que eran difíciles. Y teníamos unos swings muy buenos.

Hoy en día, la tecnología ayuda, tremendamente, al jugador que no tiene tanta técnica. A pesar de que, por ella, vemos todo a la perfección y queremos llegar ahí. Por lo tanto, siempre hay que respetarla y no ir a lo antinatural.

En cuanto a lo referido a las canchas, te puedo decir esto: no creo que, a nivel amateur, las canchas, las pongan tan largas. Estoy mucho en «Estancias Golf Club» y me dedico a determinar las distancias, para los torneos. Te puedo asegurar, que no establezco, ni loca, una cancha muy larga para aficionados. Ellos mismos se terminarían aburriendo, se irían tristes (porque jugaron mal, por las grandes dimensiones de la cancha y no llegan con las distancias. Además, tené en cuenta que, por ejemplo, la pelota no vuela en invierno, entre otros factores) y, a mí no me serviría para presentar una competencia así, donde, a nivel marketing, lo que quiero es que vuelvan a jugar y que no se vayan amargados, sin querer jugar más.

La cabeza del amateur y la cabeza de un profesional, son muy distintas. Cómo encarás todo. Ahora bien, fijate que algunas reglas ya están cambiando. Esos cambios, en algunos casos, no son aplicables, a nivel profesional.

Antes de este parate, vimos, en el LPGA, a la mexicana, Gaby López, triunfando en el “Diamond Resorts Tournament of Champions”, el surgimiento de su compatriota María Fassi, y la regularidad de la paraguaya Julieta Granada, la ecuatoriana Daniela Darquea y la colombiana Mariajo Uribe, entre otras. En paralelo, en el Ladies European Tour, tenemos a nuestra argentina, Magdalena Simmermacher, haciendo historia, teniendo status completo para disputar los eventos del circuito. ¿Cómo ves la actualidad del golf femenino argentino y latinoamericano? ¿Qué te hubiera gustado tener de alguna de ellas, cuando estabas en competencia? 

– Para decirte qué es lo que me hubiera gustado tener de ellas, me gustaría conocerlas personalmente (primero) y ver cómo se comportan en la cancha y cómo piensan. Tené en cuenta que, la parte mental, es todo. No podés equivocarte, tenés que tener una «mente muy fría». Siempre hablo de María Olivero (actual capitana argentina en la Copa Andes), ante este tema, como una «mente fría» bárbara e impresionante, que nunca he visto.

Aparte de lo que dije, me gustaría cómo reaccionan, ante ciertas situaciones, en la cancha. De eso, si encuentro una forma madura de moverse en el campo de golf, me encantaría eso. Creo que es súmamente importante. Y el juego corto, ni hablar. Trabajaría mucho en ese aspecto, de las 100 yardas para abajo. Ahí sí vería si, las chicas, se destacan en esa parte. Por que ahí también está todo. Calculo, igualmente, que lo tienen esto. Su juego corto tiene que ser muy bueno porque, sino, no estarían ahí.

En el fondo, igualmente, todo el mundo le pega. Y son pegadoras muy largas. Hay tres cosas que son muy importantes para estar en ese nivel: pegar fuerte a la pelota, buen juego corto y tu cabeza. Y no hay que mirar hacia atrás sino, para adelante, todo el tiempo.

En cuanto a la actualidad de las chicas de nuestro país, lo que siempre tuvo Argentina es que nos costó sacar jugadoras. Siempre fuimos pocas, en todas las épocas, y las mismas. Igualmente, parece que, la Asociación Argentina de Golf, está haciendo un trabajo muy bueno con la parte de Alto Rendimiento. Es fantástico como «capturan» a las chicas que se destacan y las apoyan. Pero, por ahí nos cuesta encontrar ese nivel de chicas. No hay tantas.

Ahora bien, yendo más allá en el análisis, y según mi experiencia en la Universidad de Kentucky , no podía creer lo que era el «driving range», con chicas de todo el mundo. Y eso que te hablo de hace 30 años atrás. No lo podía creer. Iba caminando por esta zona de práctica, con mis pelotas y mis palos, y escuchaba todos los idiomas habidos y por haber. Eso hizo que surgiera un semillero tremendo.

También, el rol de las universidades, generó más oportunidades. Cuando me había ido, yo era la primera que hice ese viaje, en el país, allá por el año 1988. Imaginate que, en ese momento, era una cosa loca. Y ahora es impresionante todas las oportunidades que hay. Vos pensá que yo tuve la suerte de jugar primera división. Y ahora, dentro del golf, hay primera, segunda y tercera división, en este nivel. Por lo tanto, no tenés que jugar tan bien al golf, para tener la oportunidad. Es sumamente importante ir allá, foguearse, y poder jugar con las chicas de todos esos niveles, para luego poder llegar a ser profesional. Aprendés de todo y, además, es un país (por Estados Unidos) donde tenés que «capturar» todo ese ambiente. Es muy bueno jugar en las universidades. Por suerte, yo veo que todas las chicas lo hacen (en referencia a nuestro país). Y me parece fantástico. Creería que, el semillero, tendría que ser cada vez mayor, con esto. Pero vamos de a poco.

Cuanto más chicas allá, mejor, porque las oportunidades son inmensas. Ojalá hubiera muchas. El golf te abre tantas puertas, te apasiona y te enseña cosas invaluables, aún para la vida. Es un deporte fantástico, de todo punto de vista.

– Esas ganas de entrar en contacto con este deporte, tuvieron unos inicios un poco tardíos, en relación al resto. A los 13 años, empezó este “amor a primera vista”, ¿verdad? ¿Recordás, un poco, como fueron esos primeros momentos? ¿Quién era tu “modelo a seguir”, en este deporte? 

– Vos sabés que tenés razón en eso. Empecé tarde, a los 13 años. Y recién, mi primer campeonato nacional de menores, lo gané a los 16. Yo comencé a jugar por papá. Él era fanático de golf (murió hace casi 1 año) total, y yo le llevaba los palos. Y un día le digo: «Viejo, te llevo los palos 9 hoyos y, los otros 9, me voy a tirar pelotas». Es así como empecé a jugar con él. Y medio como que él veía que quería ir mejorando. A su vez, no me daba cuenta que iba mejorando cada vez más.

Un día, me anoto a jugar el Campeonato Nacional de Menores nombrado. Termino sexta. Y ahí me planteo mejorar un poco más y bajar el handicap. Y, cuando no me di cuenta, me encontré ganando este evento (como te dije antes, a los 16 años). De ahí, me mandan a jugar un sudamericano en Venezuela.

Mirá, yo creo que la tecnología ha traído mucho más fanatismo. Y eso es una de las razones por la cual empiezan antes los chicos. Ahora bien, en mi caso, si bien empecé más tarde, fue todo muy rápido. De los 16 a los 19, me pasó de todo. Tomé clases con los 2 mejores profesores, que yo creo que vi, en la Argentina: Leopoldo Ruiz y el «mudo» De Luca (Juan Carlos. Hermano de Fidel de Luca, leyenda del golf argentino. 43 victorias nacionales, 1 triunfo en el European Tour y un T-16 en The Open 1960, disputado en St Andrews, son algunos de sus logros). Ellos me ayudaron un montón. Por ejemplo, en el caso del «mudo», yo siempre digo que fue un adelantado, porque me enseño cosas que, hoy en día, se están trabajando y lo hacen los grandes jugadores. Ahora bien, con ellos, mejoré mucho mi swing (llegué a 2-3 de handicap) y, cuando me quise dar cuenta, en el año 1987, había ganado un Sudamericano Juvenil en Paraguay y, en el año 1988, estaba jugando el Mundial (de amateurs) en Suecia, representando al equipo argentino, junto a dos grandes jugadoras: Nora Ventureira y Maria Eugenia Noguerol. Al mismo tiempo, había venido de Estados Unidos, una «coach» a verme jugar, porque había escuchado sobre el sudamericano en Paraguay. Vino acá (yo estaba defendiendo el título del Sudamericano) y, si yo le gustaba como jugaba, me becaba. Así que, en ese mismo año, me encontré representando a mi país en un mundial y, además, ya partiendo, a los 18-19 años, para jugar por una universidad en Estados Unidos.

Ese 1988 fue un año muy importante en mi vida. En ese momento, tenía un juego bastante sólido y bastante bueno. Pero fue muy rápido lo que mejoré. Estoy muy agradecida a esos dos profesores, al fogueo y a la AAG, que me «movía» mucho para jugar en todos lados.

En esta foto, vemos a Dolores Nava con, nuestro querido maestro, Roberto de Vicenzo. El lugar, de la imagen, es el Ranelagh Golf Club: campo que fue la «segunda casa» de nuestra leyenda.

– Justamente, mi próxima pregunta iba en referencia a esas temporadas. Rápidamente, apareciste en los primeros planos a nivel amateur, teniendo, entre otros logros, el tricampeonato de la histórica “Copa de Oro” de Mar del Plata (1986-1988). En esas mismas temporadas, la tradicional “Copa Andes” se cruzó en tu trayectoria también, siendo parte del equipo femenino argentino. A su vez, en el último año de tus 3 apariciones, tuviste el placer de triunfar, en el tradicional campo de Club de Golf del Uruguay en Punta Carretas, Montevideo. Esa victoria, te llegó siendo parte de un conjunto glorioso, integrado también por María Eugenia Noguerol, Mercedes Consoli, Beatriz Roselló y la destacada Nora Ventureira (Gran golfista amateur de nuestro país y comentarista de Golf Channel Latinoamérica, entre otros logros), ¿cómo era convivir con lo que significaba «el jugar por tu país», teniendo en cuenta que no tenían los mismos recursos que se disponen hoy en día? ¿Cómo era el día a día de ese grupo y cómo se fue gestando la unión para llegar a ese objetivo?

– Ante todo, te agrego que, en Punta Carretas, gané varios torneos más y, en Cantegril Country Club, tengo récord de cancha, con Patricia Yates (jugadora uruguaya), que todavía no ha sido superado.

En cuanto a esa Copa Andes, vuelvo a repetirte algo. Por lo general, éramos siempre el mismo grupo. Eso es lo que yo veo del semillero. Que siempre somos pocas, las que nos destacamos, y todas conocidas. A Mercedes la conozco de todas las «Copa de Oro» que jugábamos en Mar del Plata. Siempre jugaba con ella y Betty Roselló. A su vez, con Nora, la conocí en el San Isidro Golf Club (fui socia). A María Eugenia Noguerol, la veía en todos los torneos… Uno comparte mucho con todas las jugadoras. Compartís muchas cosas, además de las rondas. Terminábamos de jugar y nos quedamos charlando.

Llegué a jugar, en total, siete Copa Los Andes. En ese año (1988), yo venía de Estados Unidos, María venía de Rosario, Nora de San Isidro… Igual, todas ya nos conocíamos. Me acuerdo, patente, un reportaje que le hicieron a Nora, en donde hablábamos de como, a pesar de que todas veníamos de distintos lugares, pudimos unirnos como nos unimos, jugar y complementarnos. Esto te lo digo porque vos sabés muy bien que, la Copa Andes, se juega bajo la modalidad «Foursome» (tiros alternados). Por lo tanto, el hecho de poder compartir y unirse, en esos partidos, es muy importante. Igualmente, es algo que el golf mismo también te lo da. Como te comenté en algunas respuestas anteriores, este deporte enseña tantas cosas. Entre ellas, a poder adaptarte a la otra persona y a un equipo. También, esto es parte de la personalidad. Ahora bien, todas nosotras teníamos esa forma de amoldarnos a cada una y a jugar lo mejor que se puede. Eso se logra en la Copa Andes.

Además de todo esto, teníamos a Vicky (Víctor) Zemborain como el capitán. Él lograba su unión, a pesar de que, el golf, te hace madurar y saber cuándo tenés que reaccionar de una forma. El contexto de la Copa Andes ayuda, porque no hay egoísmos: se une el equipo y se va para adelante.

– Si bien habíamos hablado algo de esto, me gustaría profundizar un poquito más acerca de este tema. En esos años, llega la Universidad de Kentucky, ofreciéndote una beca completa. Y tomaste la decisión de ir para Estados Unidos, siendo una de las primeras en el país en tomar esa iniciativa. Este camino tomado marcó una tendencia, que sigue hasta el día de la fecha. ¿Fue difícil haber hecho lo que hiciste, teniendo en cuenta que el contexto, en ese momento, era muy distinto al actual? De ser así ¿Por qué? ¿Fue muy dura la adaptación (y te hubiera gustado que, algunas cosas, se den de distinta manera) o pudiste sobrellevar la situación? Me imagino lo que me vas a responder, por lo que hemos hablado, pero te lo vuelvo a preguntar, para entrar en mayor detalle. ¿Qué le podrías aconsejar a quien está en la misma situación que tuviste, en ese entonces?

– Voy por partes. Yo me fui para allá en el año 1988. Fueron casi 5 años de universidad. 4 de jugar y, en el último año, estuve de «Assistant Coach» de la Universidad. Durante esos 4 años, jugué 3 «NCAA» (Campeonato Anual de Universidades de Estados Unidos), los cuales son muy difíciles de llegar. Pensá que, de las 17000 que hay, llegan 17 nada más. Así que, con mi universidad, tuve la oportunidad.

Para que te des una idea, yo jugaba los torneos contra Annika Sorenstam (ella jugaba por la Universidad de Arizona), entre otras. Me codeaba con jugadoras de muy buen nivel, ya que estábamos en primera división. Gané un torneo universitario (en Carolina del Norte, año 1991), fui muchas veces «top 10», me destacaba en las distinciones de «All Conference» y «All American»… En la universidad también me fue muy bien, me destaqué mucho. Me destacaba y era buena jugadora. Si no jugaba como N°1 del equipo, jugaba como N°2.

Ahora bien, todo esto, hace que te digas: «me hago profesional y veo hasta donde puedo ir». Eso fue lo que me dio el empuje para, luego, quedarme 15 años en Estados Unidos, dando vueltas y jugando a nivel profesional en, lo que es ahora, el Symetra Tour (jugué 10 años allí). Uno va viendo que vas jugando bien acá y allá, la gente también te va diciendo: «¿pero, por qué no probas esto?» (en relación a algún torneo) y, como te gusta, lo vas probando y te vas dando cuenta de que estás para más.

En cuanto a la adaptación, mi padre era marino y capitán de navío en la Armada. Siempre viajábamos de un lado a otro. Yo estaba acostumbrada a dejar los colegios, andar de acá para allá y conocer nueva gente y adaptarme. Por lo tanto, todo ese «background» de chica, con mis padres, me ayudó mucho a llegar a Estados Unidos.

Me encontré en un mundo distinto, conociendo a gente nueva y adaptándome. Además, era muy tímida. Por lo tanto, me dí cuenta que tenía que romper esa timidez y, si no hablaba con la gente, me iba a quedar sola. Eso lo fui viendo y resolviendo. Estados Unidos te enseña a eso. Tenés que abrir la cabeza y ver que hay diversidad, desde todo punto de vista. Así como yo venía de Argentina, a jugar en la Universidad de Kentucky, sabía de chicas, de la Universidad de Florida, que se iban a jugar a California y chicas que, desde este último lugar, se iban a la universidad de Yale (cercano a Nueva York).

Quiero volver a temas de preguntas anteriores, cómo el por qué nos destacamos tanto en Copa Andes y no cuando vamos afuera. Tiene que ver muchísimo con la adaptación. Es muy fácil, en Estados Unidos, sentirte sola. No tenés el cariño y el apoyo, que podés tener en tu país. Por eso, tenés que tener una cabeza y una madurez muy grande. Entre las cosas que me faltaron a mí (y creo que faltan a todas las que competimos allá), es el apoyo, el cariño y alguien que esté ahí, con vos, en las buenas y en las malas. Como argentinos que somos, quizás nos falte un poco de eso. Pero bueno, eso es así.

¿Qué aconsejaría alla, a quienes están compitiendo? Ahora tienen la tecnología. Yo, antes, esperaba dos semanas a recibir una carta y hablar por teléfono (que era muy caro). Era bravo. Hoy en día, vos agarrás el celular y, en dos minutos, estás viendo a la persona que querés ver y estás chateando y conversando, sin problemas. Yo, para mí, eso es invalorable, a lo que era la época en que yo jugaba. Actualmente, estás muy acompañada con la tecnología, que ayuda un montón. Las herramientas de comunicación están ahí. ¡Ojalá yo hubiera tenido eso! Ojalá hubiera tenido todo lo que hay ahora, que hace que no estés sola. Es muy importante no sentirse sola, sentirse apoyada, tener un psicólogo deportivo, tener gente que te esté indicando que está bueno y qué no está bueno… Toda la gente que te rodea es muy importante. Habría sido fundamental, en mí, tener todos estos recursos tecnológicos.

– Me nombraste a Annika Sörenstam y me veo obligado a preguntarte sobre ella (risas). En ese momento universitario, ¿se presentía lo que iba a terminar siendo ella, para el golf femenino? ¿Pudiste tener algún contacto con ella, dentro o fuera de los torneos? ¿Qué pensás acerca de la importancia de su carrera y su presencia?

– Annika se destacó en todos los niveles. En la universidad, ya era una genia. Vos llegabas al «driving range», ella se iba a una punta y estaban todas mirándola. Ese tipo de jugadoras ya se destacan en la universidad (y en todas las áreas que van compitiendo). Además, ya cuando jugaba por su país (Suecia) sobresalía. Cuando se hizo profesional, se sabía, todo el tiempo, que iba a ser N°1 de cualquier forma.

En referencia a mi trato con ella, tené en cuenta que yo era muy tímida. No me acercaba. La veía practicar, y veía sus scores. Pero no era de acercarme a jugadoras. Ahora me arrepiento por el no poder haber charlado con jugadoras de ese nivel. Me daba vergüenza y siempre tuve un respeto total hacia ellas.

Annika es una genia también por lo que está haciendo ahora. Veo que se mueve por todos lados. La «Annika Foundation» y todo lo referido al tema, me parece genial. No pensé que ella iba a agarrar ese camino. Pensé que se iba a dedicar más a su familia, como lo hizo Lorena Ochoa.

Nunca pude jugar con Annika. Pero pude jugar con Lorena. Jugué mucho en el Symetra Tour, compartimos clasificaciones para el US Women’s Open, he almorzado con ella, y conocí a su padre, su hermana y su hermano (que le llevaba los palos). Con ella sí tuve más contacto porque, quizás, el hecho de que ella era mexicana y yo argentina, nos permitía compartir el idioma y tener ese trato más directo. Tanto Annika, como Lorena, se dedicaron a apoyar mucho y hacer grandes cosas para destacar el golf femenino. Me parece bárbaro.

– Te comparto un pensamiento, a ver si coincidís. Para mí, Lorena Ochoa, volvió a darle impulso a lo que es el golf femenino, en la región. ¿Cómo ves esta idea?

– Totalmente de acuerdo. No te olvides que Lorena triunfó en Estados Unidos. Llegó a ser N°1 del mundo. Ni Silvia Bertolaccini, ni yo, llegamos ahí, donde llegó ella. Reabrió todo el golf latinoamericano, triunfando y demostrando que era la N°1.

– Ahora bien, teniendo en cuenta el trato que tuviste, cuando la viste en el «Salón de la Fama», me imagino la emoción, ¿verdad?

– La emoción, con Lorena, fue en todo. Cuando la vi ganar su primer torneo (en el Symetra Tour), cuando la vi clasificar para la LPGA … En todo. Pero también sabía de lo que era capaz ella. Es lo mismo que te dije con Annika (y hablé en temas anteriores). La parte mental, de estas chicas que triunfan, es genial. No dudan. Esto es una diferencia muy grande. Recuerdo haber visto a Lorena, haciendo par de cancha, y estaba enojada. Luego de eso, te decía: «mañana, vas a ver que la rompo y te hago una ronda de 68 golpes». Y no lo decía de agrandada. Son chicas que tienen una seguridad en sí mismas (y en su juego), desde todo punto de vista. Además, tienen una parte mental que hace que no erren. Se conocen. Son geniales esas mentes. Esa forma de saber que tienen que reaccionar de una forma y, cuando hay que hacerlo, lo hacen. Lorena es una genia y la emoción fue total, por ver cómo se iba destacando. Igualmente, no fue ninguna sorpresa.

Esta es la credencial que recibió Dolores Nava, luego de su histórica participación en el US Women’s Open 1994, disputado en el Indianwood Golf & Country Club (Detroit, Michigan).

– Cambio totalmente de tema. Luego de dar el salto al profesionalismo, en 1993, entraste (en 1994) a los libros de la historia del golf femenino argentino. Se disputa el US Women’s Open en el Indianwood Golf and Country Club (Detroit, Michigan) y es ganado por la prestigiosa estadounidense Patty Sheehan. Ahora bien, a pesar de no pasar el corte, dejaste una marca en lo hecho por nuestro país, en el deporte, siendo la segunda jugadora en ser parte del evento, luego de la legendaria Silvia Bertolaccini. A esa lista, posteriormente se une Victoria Tanco y Delfina Acosta, quien (al tener la oportunidad de entrevistarla) nos contó que la USGA prepara las canchas como “si fueran de otro planeta”. ¿Es verdad lo que dice? Me gustaría que nos cuentes las sensaciones de esa experiencia única, ¿qué hace falta para participar en un US Women’s Open? A su vez, ¿podrías decirme algunas palabras sobre lo hecho por tus compañeras de esa “lista histórica”? 

– La USGA se destaca, en todos sus eventos, por las canchas largas, el «rough» bien alto, fairways angostos. Yo, en esa época, le pegaba muy fuerte a la pelota. Ahora bien, llegábamos a los par 3 y eran de 240-250 yardas. No podía creerlo. Jugábamos 6500 yardas. Y, en esa época, no teníamos los palos y las pelotas. Pero bueno, había que pegar fuerte. Por lo tanto, para clasificar (y jugar) un Abierto de Estados Unidos, te puedo decir que tenés que pegar muy fuerte y derecho. También tenés que tener un muy bueno juego corto y usar bien el putter: los greenes que presentan son muy complicados.

Esta presentación que tiene la USGA, de sus canchas, es famosa. Es «vox populi». Todo el mundo que ha jugado torneos de esta organización (y quienes hayan estudiado sobre ella), saben de esto.

Con respecto a las chicas que clasificaron a este evento, las 3 chicas que me acompañaron en este logro, seguro que pegaban (y pegan) muy bien a la pelota. Esto te lo digo, porque, como te mencioné antes, para jugar este evento tenés que pegar muy bien, muy fuerte y muy derecho. Por eso, cuando vi a las chicas que jugaron el US Women’s Open, por nuestro país, me saco el sombrero por ellas. Cuando llegué ahí, vi lo difícil que era todo.

Fue difícil clasificar, pero se lo difícil que es estar en este evento. Yo perdí el corte por 3 golpes, creo. Rondas de 75 y 78 hice. En el hoyo 3, me acuerdo que tiré 2 pelotas fuera de límites, con un hierro 3, y no pude volver a recuperarme. Pero bueno, hay que tener en cuenta que cualquier persona que juegue el US Women’s Open, por las condiciones nombradas de sus campos, tiene muy buen juego. Te digo en serio, hay que estar ahí.

La imagen se produjo en el año 1997. Allí podemos apreciar el swing de Dolores Nava, en el Hindú Golf Club (Buenos Aires).

– Tuviste diez años de una admirable regularidad, compitiendo entre el actual Symetra Tour y el Tour Asiático. A su vez, a la vuelta de tu experiencia en Asia, empezaste a trabajar mucho en el aspecto mental. Empezaste a hacer yoga y te asesoraste con el psicólogo deportivo, de la AAG, Harry Leibovich. Se puede decir que fuiste una visionaria en esto, ¿me equivoco? En este aspecto, ¿me podrías dar ejemplos de cómo se debe trabajar la mente, para este deporte?

– Yo empecé a trabajar la parte mental, e hice yoga, a partir de mi viaje a Asia. Cuando voy por allá, me encuentro con todo tipo de jugadoras. Desde americanas, hasta europeas. Y, en éstas últimas (que, en ese momento, las vi muy superiores a las de Estados Unidos), ví toda la parte de psicología deportiva, que no había escuchado. Por lo tanto, empecé a indagar, a preguntar y a ver que me faltaba. Buscaba cosas que me hicieran ser mejor y, la parte mental, la vi a partir de las europeas.

Al volver de Asia, empecé a buscar, aquí en Argentina, a alguien que sepa del tema y, en esa época, estaba Harry Leibovich. Me acerco a él y le digo: «mirá, quiero ver todo lo relacionado a la parte mental y mejorarlo». Llega un momento en donde todos le pegan. Pero, la diferencia, está en la cabeza. En cómo se piensa en la cancha, cómo aplican las rutinas, cómo se mueven, cómo pararse en el tee del 1, cómo pararse en la cancha, ante distintas situaciones… Todo eso, es algo que vos lo incorporás a tu juego y lo entrenás.

Ahora bien, la actitud es todo. Y no es creérsela más ni creérsela menos, porque tenés que estar ahí y, en esos momentos, en donde estás tan sola, tenés que confiar en vos. Y esa confianza, la ejercitas como cualquier músculo. Eso, te lo da la psicología deportiva: las rutinas, el pensar, el visualizar … Trabajas mucho, hasta que crees en vos. Porque lo ves, lo ves, y lo ves. Y, si no lo ves, lo «falseás», hasta que lo ves. Yo me acuerdo que, a raíz de esto, otro psicólogo deportivo me dijo: «Caminá por el putting green, creyéndotela que la vas a embocar. Y si vos no te la crees, engañate a vos misma, hasta que llegue un momento que vos te engañas tanto (y lo practicas tanto), que terminas creyéndolo». Ahí es cuando empiezan a cambiar las cosas porque, si no confiás en vos, ¿quién va a confiar? Llega un momento en donde empezás a dar vuelta todo.

¿Viste que, los pensamientos negativos, solamente entran en tu cabeza cuando vos dejás de pensar positivamente? Bueno, el hecho de estar en una rutina, diciendo: «Bueno, ahora hago un swing, veo mi objetivo, a dónde la voy a tirar, visualizo», hace que ocupes tu cabeza con pensamientos positivos y con entrenamientos mentales, que hacen que, todo aquello negativo, no entre porque la mente está pensando otras cosas buenas.

Hice yoga porque me empecé a dar cuenta que, lo único que yo controlaba, era mi respiración. Entonces, en los momentos de mucha tensión, el respirar, era lo único que podía manejar. Eso, automáticamente bajaba todo mi sistema nervioso.

Uno va leyendo y aprendiendo. Esto lo deben estar viendo todas las chicas que están afuera. Vas viendo que es lo que te va ayudando. Ahora, se está viendo que ayuda mucho lo físico. Aparte, al ver lo que hace otra gente, te das cuenta qué te falta a vos, para seguir mejorando. Por lo tanto, este ambiente, te lleva a querer superarte cada vez más.

Esa mentalidad, la veo formada en las grandes jugadoras. Caminan la cancha de otra forma.

– En ese período, se dio una particularidad: fuiste parte del voluntariado de la vieja “EMC World Cup” 2000, disputada en Buenos Aires Golf Club y ganada por el “Dream Team” (equipo de ensueño) estadounidense de Tiger Woods y David Duval (en ese evento, la legendaria pareja argentina, compuesta por Ángel “el Pato” Cabrera y Eduardo “el Gato” Romero, terminó en 2do lugar). Aprovechando tu participación, no puedo dejar de preguntarte acerca de tus sensaciones de esa semana, teniendo en cuenta “el mundo” que genera “Tiger” en cada evento, por su estilo de juego y lo que significa para la historia del golf mundial. 

– Mirá, lo tuve muy cerca a Tiger Woods. Yo trabaja en el «Club House», en toda la parte de registración de jugadores. Estábamos con María Combes y nos ocupábamos de todas las cosas que estaban allí y las necesidades de los jugadores. Fue muy bueno (y muy lindo) tener a Tiger tan cerca. No lo podés creer. Es un genio. Me acuerdo que lo veía y, los chicos, se le colgaban de la remera. Y él lo llevó bastante bien. Hay que estar en sus zapatos y alrededor del fanatismo que le tienen. Me encantó verlo.

Te voy a contar una historia, que me acuerdo patente. Yo amo Estados Unidos, así que tengo mucho fanatismo por ellos y por todos sus jugadores. En el Tee del hoyo 1, salían ellos y los argentinos. Llega Tiger, con David Duval, y todo el mundo aplaudiendo. Fue muy emocionante. Yo estaba cerca y no podíamos creer que lo tuviéramos ahí a los dos. Todo el mundo los aplaudía y, en eso, presentan al equipo argentino, entrando «El Pato» Cabrera y «El Gato» Romero. Y ahí, sí se cae la tribuna, con unos aplausos tremendos. En ese momento, no podía creer lo que me emocioné cuando ellos entraron, sabiendo que ya estaban presente Tiger y Duval.

Lógicamente, es emocionante verlos a Tiger Woods y a David Duval. Pero, (y cómo me tembló todo) cuando se «cayó» el tee del 1, al entrar «El Pato» Cabrera y «El Gato» Romero, dije que no me cabe dudas que soy argentina.

– Actualmente, sos una de las grandes profesoras que tiene el pintoresco “Estancias Golf Club”. ¿Recordás el momento en el que elegiste el camino de la enseñanza?

– Siempre me gustó enseñar. Yo estudié, en Estados Unidos, la carrera de Ciencias de la Comunicación. Había entrado, anteriormente, en la parte de Administración de Empresas. Pero, me di cuenta que los negocios no eran lo mío. A su vez, percibí que era mucho más humanitaria y mucho más de otro tipo de enseñanza.

Siempre me gustó enseñar. Incluso, cuando competíamos en el Symetra Tour, participaba mucho en las clínicas y en los «Pro-Am», enseñando. Desde hace bastante tiempo que estoy con esta actividad. Ahora, estoy más especializada y totalmente dedicada a este aspecto. Pero, ya cuando competía, ejercía esto. Además, los sponsors mismos te piden, todo el tiempo, que vos des clases, enseñes y brindes tu conocimiento, en los torneos. Hacíamos clínicas de «juniors», de gente discapacitada, entre otras. La enseñanza siempre estuvo ahí, al lado. Uno compite, pero siempre tiene que estar dispuesto a brindarse.

Ahora, vivo de la enseñanza. Trabajo en Estancias Golf Club. Estoy en la Escuelita de Menores y Mayores, y enseño a mujeres grandes, siendo todo un desafío. La enseñanza siempre tiene que estar al lado de un profesional. Siempre tenés que «devolver».

Aquí vemos a Dolores Nava, en su rol de profesora, asistiendo a las «Jornadas de Desarrollo» de la Asociación Argentina de Golf, realizadas en Estancias Golf Club.

– Por suerte, el año pasado, surgió el “Augusta Women’s Amateur”, evento prestigioso que da la oportunidad, a las mejores “promesas” del golf femenino, de poder disputar rondas competitivas, en uno de los campos más históricos del golf mundial: “Augusta National Golf Club”. Agustina Zeballos será la representante de nuestro país, el año que viene (siempre y cuando, respete su condición de amateur). ¿Cuáles son tus opiniones, acerca del evento, y cómo la ves a Agustina para disputarlo? ¿Qué le aconsejarías si estuvieras en su lugar?

 La veo con todas las condiciones para hacer una muy buena participación. Agustina es una excelente jugadora, desde todo punto de vista. Será importante las ganas con las que ella llegue y el despliegue de su potencial. La veo muy bien.

Tengo muchas expectativas de ver un torneo así. Es lindo tener ese reconocimiento. Ese reconocimiento de poder jugar, una cancha de ese nivel, y que lo puedan hacer chicas, con el talento de Agustina. Tengo todas las buenas intenciones, y esperanzas, de que ella pueda hacer una excelente participación.

– Para terminar, como hago con todos mis invitados, me gustaría que nos des un consejo, para quien se inicia en esto por amor al deporte o para quien da sus primeros pasos como profesional. 

– Para aquellos que se inician: es un deporte maravilloso. Van a encontrar un montón de cosas. No sólo «el jugar contra uno mismo» y tratar de superarse. Sino, van a encontrar una gran cantidad de amistades, entre otras cosas. Es tan completo, desde todo punto de vista, el deporte. Como te dije, uno juega y se supera a uno mismo. Es mucho lo que se aprende y se comparte. Por lo tanto, es un deporte genial para iniciarse.

A nivel profesional: el camino no es fácil. Pero, la pasión, si está, puede llevarte muy lejos. Y está muy bueno eso. Por más que uno triunfe o no, aprende tanto (y es tanto lo que se enriquece), que vale la pena, siempre, intentarlo. No perder la esperanza y el sueño de llegar. A este nivel, son infinitas las cosas que uno aprende. Es muy lindo. Es un deporte muy completo. Te lo va a decir cualquier persona que lo juegue y que se inicia. Es un fanatismo muy especial, lo que da el golf.

Como gran docente que es, en su actualidad, Dolores sabe transmitir lo que piensa. Además, no deja nada librado al azar. Años de consistencia, en las grandes ligas, trabajando en silencio y con mucha dedicación. Por algo, está en las páginas de los libros del golf femenino argentino.

Ahora bien, siempre tuvo el horizonte claro. Tan claro que, como vimos, no le importó correr riesgos. Sabía el camino que tenía que hacer y enfrentó todas las etapas. Esto hizo que, paso a paso, se diera cuenta de que había más recursos para incorporar. Esa buena «ambición» por la perfección, no la detuvo. Todo lo contrario. La necesidad de encarar nuevas aventuras, la mantiene activa y es su «alimento», para el disfrute de este deporte.

Otra cosa que, la navegación y el golf, tienen en común, para mí, es la percepción «negativa» que genera la palabra «anclaje». En el golf, justamente, hubo una polémica sobre esto, que generó un cambio de reglas. Los putters que permitían el apoyo de una parte del cuerpo, fueron prohibidos (en su mayoría) porque quitaban naturalidad. Ahora bien, al ir a la navegación, el momento de «tirar anclas» genera una pausa grande o el fin de la aventura de navegar. Ironías del destino, Dolores vivió ambos contextos y supo disfrutar ambos. Entendió de que se trataba, y llegó al éxito, porque LA PASIÓN MATA AL ANCLAJE.

Matías Miguel Torge

Handicap 54

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